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QUINCE MINUTOS EN COMPAÑÍA DE JESÚS


¡ Amigo que nunca falla!


¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío !


El Reino de Dios en muy grande, y Él quiere que todos los hombres se salven; pero tienen que tener fe, confiar en Él y acogerse a los Evangelios.
Escuchad este mensaje que va dirigido a todos los hombres del mundo sin distinción. Y pensad que lo más profundo de su amor Dios lo revela en aquellas almas que se entregan por entero a Él.


No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.


¡Necesitas hacerme a favor de alguien una súplica cualquiera?
Dime su nombre, bien sea el de tus padres , bien el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos.


Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas. Háblame así, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todas una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón; el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?


Y para ti, ¿no necesitas alguna gracia?


Hazme, si quieres, una como lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia.


Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente…; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos que haces para quitar de ti tales miserias.


No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos Santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad…; y poco a poco se vieron libres de ellos.


Ni menos vaciles al pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿qué puedo hacer por tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte!


¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto?
Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿qué te preocupa? ¿qué piensas? ¿qué deseas? ¿qué quieres que haga por tu hermano, por tu amigo , por tu superior? ¿qué desearías hacer por ellos?


¿Y por Mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho, y que viven quizás olvidados de Mí?


Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente , y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo,, sin perjuicio de su libertad, adonde me place. ¿ Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿quién lastimó tu amor propio? ¿quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.


¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.


¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora olvidadas se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.


¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme?
¿Por qué no me haces partícipe de ella soy un buen amigo?
Cuéntame lo que hiciste desde ayer, desde la última visita que me hiciste, has consolado y hecho como sonreír a tu corazón?, Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá has visto disipados negros recelos, quizá has recibido faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad, o salido de algún lance apurado.


Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado; ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud y decirme sencillamente, como un hijo a su padre: “ ¡Gracias, Padre mío, gracias!” El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque el bienhechor le gusta verse correspondido.


¿Tampoco tienes promesa alguna para hacerme?
Veo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente; a Dios, no.


Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado? ¿de privarte de aquel objeto que te dañó? ¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación?¿de no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma?


¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado hasta hoy como enemiga?
Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a la familia, al estudio…; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia, recogimiento , resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi madre, que lo es también tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio.


En mi Corazón encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.SACRAMENTADO
Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado a los pies de tu divina presencia. Te ruego y suplico con gran fervor de mi alma, te dignes grabar en mi corazón sentimientos vivísimos de fe, esperanza y caridad, arrepentimiento sincero de mis pecados y propósito firme de nunca más ofenderte. Mientras yo, con todo el amor y dolor de que soy capaz, considero y medito tus cinco llagas, teniendo en cuenta aquello que dijo de ti, oh mi Dios, el santo profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos".



ORACION DE LA FAMILIA DOMINICANA

Señor Jesús, henos aquí, hermanos en la fe,consagrados a vivir en comunidadsegún el modelo que tú vivisteen tu propia Sagrada Familia,y según el espíritu fundacionalde nuestro Padre y Fundador común,Santo Domingo de Guzmán.

Te damos gracias por tu vida en intima unión con tu Padre en el Espíritu. Por pura misericordiate dignaste hacernos participesde tu intimidad con el Padre.
Y por inspiración de Santo Domingo nos has unido como Familia Dominicana, para compartir en común compromisosu vida y misión como corresponsablesy con mutua complementariedad.

Únenos, Señor, y santifícanos en tu Verdad, hablando contigo y de Ti, y permítenos afianzarnos en nuestra vocaciónde predicar lo que contemplamos.











O salutaris HostiaQuae coeli pandis ostium.Bella premunt hostilia;Da robur, fer auxilium.

Uni trinoque DominoSit sempiterna gloria:Qui vitam sine termino,Nobis donet in patria.Amen.


. "Ecce panis angelorum, factus cibus viatorum: vere panis filiorum": "Este es el pan de los ángeles, pan de los peregrinos, verdadero pan de los hijos" (Secuencia). Hoy la Iglesia muestra al mundo el Corpus Christi, el Cuerpo de Cristo. E invita a adorarlo: Venite, adoremus, Venid, adoremos. La mirada de los creyentes se concentra en el Sacramento, donde Cristo se nos da totalmente a sí mismo: cuerpo, sangre, alma y divinidad. Por eso siempre ha sido considerado el más santo: el "santísimo Sacramento", memorial vivo del sacrificio redentor...

"Lauda, Sion, Salvatorem!" (Secuencia). La nueva Sión, la Jerusalén espiritual, en la que se reúnen los hijos de Dios de todos los pueblos, lenguas y culturas, alaba al Salvador con himnos y cantos. En efecto, son inagotables el asombro y la gratitud por el don recibido. Este don "supera toda alabanza, no hay canto que sea digno de él" (ib.). Se trata de un misterio sublime e inefable. Misterio ante el cual quedamos atónitos y silenciosos, en actitud de contemplación profunda y extasiada.

"Tantum ergo sacramentum veneremur cernui": "Adoremos, postrados, tan gran sacramento". En la santa Eucaristía está realmente presente Cristo, muerto y resucitado por nosotros. En el pan y en el vino consagrados permanece con nosotros el mismo Jesús de los evangelios, que los discípulos encontraron y siguieron, que vieron crucificado y resucitado, y cuyas llagas tocó Tomás, postrándose en adoración y exclamando: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20, 28; cf. 20, 17-20). En el Sacramento del altar se ofrece a nuestra contemplación amorosa toda la profundidad del misterio de Cristo, el Verbo y la carne, la gloria divina y su tienda entre los hombres. Ante él no podemos dudar de que Dios está "con nosotros", que asumió en Jesucristo todas las dimensiones humanas, menos el pecado, despojándose de su gloria para revestirnos a nosotros de ella (cf. Jn 20, 21-23).

En su cuerpo y en su sangre se manifiesta el rostro invisible de Cristo, el Hijo de Dios, con la modalidad más sencilla y, al mismo tiempo, más elevada posible en este mundo. A los hombres de todos los tiempos, que piden perplejos: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la comunidad eclesial responde repitiendo el gesto que el Señor mismo realizó para los discípulos de Emaús: parte el pan. Al partir el pan se abren los ojos de quien lo busca con corazón sincero. En la Eucaristía la mirada del corazón reconoce a Jesús y su amor inconfundible, que se entrega "hasta el extremo" (Jn 13, 1). Y en él, en ese gesto suyo, reconoce el rostro de Dios.
. "Ecce panis angelorum..., vere panis filiorum": "He aquí el pan de los ángeles..., verdadero pan de los hijos". Con este pan nos alimentamos para convertirnos en testigos auténticos del Evangelio. Necesitamos este pan para crecer en el amor, condición indispensable para reconocer el rostro de Cristo en el rostro de los hermanos.

S.s Juan Pablo II,

"Entraré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud" (Sal 42, 4)

ORACION A DIOS OMNIPONTENTE, DIOS CLEMENTE Y MISERICORDIOSO.


Dios omnipotente,Tú eres un Dios de la Verdad.Tú conoces nuestros pensamientos y deseos. Tú sabes cuándo y porqué nos reunimos.


Reconocemos que toda sabiduría y prudencia proceden de Ti como de su fuente, y deben conducir a Ti como a su fin.


En tu Providencia tan divina como insondable, te has manifestado a través de Jesús, maestro y modelo de todos.


Infúndenos tu Espíritu con sus múltiples dones, un Espíritu de sabiduría y prudencia,de escucha y servicio,de discernimiento y consejo,de humildad y de fortaleza.


Haznos a modo de Domingo de Guzmán,y de tantos como nos han precedido en este camino, dóciles y abiertos en la escucha y el diálogo, esperanzados y optimistas al emprender y programar, justos y audaces en cumplir y animar.


Ilumina nuestra visión sobre el mundo de hoy, que sepamos asumir sus retosconforme a nuestras prioridades y fronteras, compartir con solidaridad lo que hemos recibido, y ser testigos ante el mundo de nuestra vocación.


Y tú, Virgen María,ayúdanos en nuestras decisiones, para el bien de todos los hombresy para gloria de tu Hijo Jesús. Amén.



SALMO 32



"Acción de gracias por el perdón obtenido".

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!.
¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez!.


Mientras me quedé callado, mis huesos se consumían, entre contínuos lamentos, porque de día y de noche, tu mano pesaba sobre mí, mi savia se secaba por los ardores del verano..
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa,.
pensando: "Confesaré mis faltas al Señor".


Y tú me perdonaste mi culpa y mi pecado.
Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia, y cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos.
Tu eres mi refugio, tu me libras de los peligros, y me colmas con la alegría de la salvación..
Yo te instruiré te enseñaré el camino que has de seguir,
Con los ojos puestos en ti, seré tu consejero.


No sean irracionales como el caballo y la mula cuyo brío hay que contener con el bozal y el freno para poder acercarse.





Oh Jesús, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que vaya.
Inunda mi alma de tu espíritu y vida.

Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya.

Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma.

Que al verme no me vea a mí, sino a Tí en mí. Permanece en mí.
Así resplandeceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás.

Mi luz toda de Tí vendrá, Jesús: ni el más leve rayo será mío. Será Tú el que iluminarás a otros por mi medio.

Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor.

Que no te pregono con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor, que mi corazón saca de Tí. ¡Amén!


Cardenal Newman
Utilizada con frecuencia por la Madre Teresa de Calcuta
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ADORACIÓN DE LA CRUZ

¡Amoroso y Divino Jesús crucificado, que lleno de amor a los hombres te ofreciste ante el Eterno Padre por víctima expiatoria de los crímenes del mundo! Ya que me concediste la gracia de inspirarme que me ofrezca contigo en holocausto, como víctima que une sus dolores a los tuyos en desagravio de tantas culpas..., yo, criatura indigna y miserable, postrada delante de tu Cruz y con la ayuda de tu gracia, confirmo y ratifico mi promesa de querer padecer con los mismos fines que Tú en ella padeciste... Recibe todo mi ser en holocausto y haz de mi lo que quieras. Sobre los brazos de tu Cruz abro los míos para perdonar y abrazar a todos mis enemigos, cuyo bien y salvación deseo y prometo solemnemente procurar cuanto sea de mi parte, así como el alivio de sus penas e infortunios.
Y en fe de mi promesa, adoro y beso esa Cruz sacrosanta, desde la cual exclamaste momentos antes de expirar: «Padre mío, perdónalos a todos, como yo los perdono.»